Carta al hijo (imaginario)

En algunas ocasiones, las cosas no parecen tan claras, la nebulosa llega de improviso, lo rodea a uno, lo paraliza y aturde.
Las mismas intenciones parecen culminar en el silencio, el vació es ruidoso y los suspiros corren despavoridos.
Las espaldas se hacen mas frecuentes y los rostros felices parecen fotos en sepia, recuerdos alejados de la realidad, baldosas trizadas por el paso de lo años.
Al asomarme y ver el pequeño patio de mi vida, redescubro las cosas que han creado a la persona con quien convivo en mi mismo, mi bipolaridad escondida, el yo hijo, el yo padre (que imagino seré), el yo amigo y amante. Converso con ellos continuamente, les hablo de ti y busco respuestas, hablamos del clima, de amores y desamores, de la tele y los dibujos animados, de música y músicos legendarios.
Mis ratos preferidos son las tardes de agosto, sentado en la costanera de un lugar aun no definido, esperando a tu madre para admirar su ombligo una y otra vez. Prender el último cigarrillo de una cajetilla arrugada, viendo a la gente y sus hijos jugar al son del viento marino.
Reírme solo, o con los grandes maestros, los amigos entrañables que no veo hace tiempo y recordar nuevamente los mismos sucesos que ahora ya parecen fábulas increibles.
Espero verte pronto, sentado junto a mi…con tus carcajadas exageradas, las bromas y los ojos caídos. Camina con cuidado y mira a ambos lados antes de cruzar la calle...te espero en casa.



